martes, 3 de abril de 2018

Mariana Ramírez-Tello y Martínez de Carvajal y Toledo. Alhama de Granada. Por Salvador Raya Retamero


Mariana Ramírez-Tello y Martínez de Carvajal y Toledo. Alhama de Granada.
Perteneciente a las nobles familias granadinas de sus apellidos, casaría con el alhameño José Toledo y Muñoz -maestrante de la de Granada, desde el 24 de marzo de 1858-, hermano de Juan Toledo y Muñoz -caballero de la misma, desde el 13 de enero de 1845[1]-, hijos ambos de Juan Toledo y del Corral. Fue aficionada al pincel, como demuestra la obra que presentamos, un óleo sobre lienzo que representa a San José y el Niño, firmado por ésta, en 1865, como Mariana Tello de Toledo. Se conservó en la casa que habitaron los Toledo en la calle Llana. Desconocemos otras obras de la misma como cualquier dato biográfico de una mujer, alhameña de adopción, que intentó excederse al papel asignado a su sexo en su época. El lienzo, una composición religiosa, de tonos cromáticos cálidos, presenta como escena central a San José conduciendo al Niño Jesús, que toma con su diestra, a las afueras de Nazaret, portando en la izquierda una rama florida de almendro o azucenas -símbolo de pureza y castidad-, atributo característico del padre de Jesús; junto a la paloma del Espíritu Santo, sobre las flores de la vara. Se timbra la composición con un cielo abierto de nubes obscuras, preñadas de agua, en el que se suspende la Paloma, flanqueada de cinco angelillos a cada lado[2].
El cuadro, se fecha en 1865, años en los que Gómez-Moreno Martínez realizaba, en sus visitas Alhama, sus propios dibujos, acusa en los rostros de las figuras la huella de las bayonetas como testimonio de la barbarie iconoclasta de la cruenta represión marxista de los Gobiernos revolucionarios de la Segunda República, testimonio parlante de tales acciones.


[1] Valverde Fraikin, J. et alii: Catálogo general de caballeros y damas..., p. 597.
[2] El atributo de la vara tiene su origen en los Evangelios Apócrifos, en los que se cuenta cómo fueron convocados al templo un varón por cada una de las tribus de Israel, para la elección de esposo para María. Cada uno portaría una vara, que depositaban ante el altar. Fue la vara más pequeña la de José, la elegida por un ángel, la que floreció y de la que nació la paloma del Espíritu Santo, como señal del varón elegido para el desposorio con María. De esta manera, se cumplía la profecía de Isaías: Y saldrá una rama de la raíz de Jesse, y una flor saldrá de su raíz (Is. 11,1).